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Canalizaciones de la Virgen del Gran Poder. Reflexión I: El vacío espiritual de nuestro tiempo.

Canalizaciones de la Virgen del Gran Poder. Reflexión I.

Nuestra Señora del Gran Poder
Mientras estoy aquí, ante mi Virgen del Gran Poder, reflexiono sobre el vacío espiritual de nuestra sociedad actual y la necesidad de volver al origen del alma. Me nace una reflexión que no sé si es pensamiento propio o si ya empieza a ser susurro compartido.

Una cosa son las personas que pasan por nuestra vida como quien cruza una calle: desconocidos, encuentros breves, a veces impertinentes, otras veces sorprendentemente luminosos. Personas que nos rozan un instante, nos muestran algo: una incomodidad, una enseñanza momentánea... y se van. Y otra cosa muy distinta son las personas de nuestro entorno, las cercanas, las que permanecen. Porque cuanto más cerca está alguien de nosotros, más espejo se vuelve. Y cuanto más espejo, más verdad duele.

Por eso discutimos, nos peleamos, hablamos de más o callamos en exceso. Y creemos que el conflicto está fuera, en el otro, en su forma de hablar, de actuar o de ser. Pero, en el fondo, muchas veces no estamos peleándonos con nadie más que con una parte de nosotros que no aceptamos. Antes de señalar, habría que mirarse. Antes de hablar de desorden externo, reconocer el propio desorden interno. Antes de decir “me gritan”, preguntarnos si nosotros gritamos… o si callamos demasiado tiempo hasta estallar.

Ahí empieza la incoherencia que luego se extiende a todo.

Porque desde ese desajuste interno hemos hecho de la espiritualidad una etiqueta. Decimos creer en Dios, en el Universo, en la energía. Decimos “soy un ser de luz”, pero evitamos mirar nuestras sombras cotidianas. Y no se trata de culparnos, sino de ser honestos. Quien esté libre de incoherencia, que tire la primera piedra. Yo no la tiro. Yo la recojo del suelo y la observo. Porque la hipocresía no siempre es maldad; muchas veces es miedo a mirarse de verdad.

Así, el ego se disfraza de crecimiento personal, el egoísmo se llama amor propio, y la vida se convierte en una competición silenciosa: quién puede más, quién tiene más, quién parece más despierto, más exitoso, más pleno. Y mientras competimos, nos alejamos.

Y entonces llegan las preguntas que evitamos:
¿Quién soy yo verdaderamente?
¿Qué he querido siempre?
¿Estoy en mi camino… o en el que me dijeron que debía recorrer?

Aquí no hablo desde fuera. Me incluyo. Porque cuando somos sinceros, la respuesta muchas veces a esas preguntas es: no. Estamos perdidos. Todos, en mayor o menor medida. En búsqueda constante. Porque la inmensa mayoría de esta sociedad no vive donde quiere, no hace lo que ama, no respira como necesita. Vivimos incompletos, insatisfechos, intentando encajar en estándares que no nacieron de nuestra alma.

Y eso tiene consecuencias.

Es lo que ocurre cuando sacas a un pez del agua. No se adapta. Se asfixia. Muere lentamente. Y nosotros somos peces intentando sobrevivir fuera de nuestro elemento, dentro de una burbuja construida a base de dinero, de exigencias, de miedo al fracaso, de una idea falsa de estabilidad y felicidad. Nos han convencido de que sobrevivir es vivir. Y no lo es.

Entonces la pregunta ya no es filosófica. Es urgente:

¿Qué hacemos?

La respuesta no está en hacer más, sino en volver. Volver al origen. Volver a cuando la fe movía montañas, no como consigna, sino como experiencia real. Volver a cuando el ser humano vivía en concordancia con su entorno, con su tierra, con su ritmo. A cuando, si eras hoja movida por el viento, dejabas que el viento te moviera sin miedo.

Éramos libres.
No perfectos, pero íntegros.
Cuerpo, mente y espíritu caminando juntos.

Hoy, en cambio, nos movemos al ritmo de lo que nos inculcan desde que nacemos frente a una pantalla: inseguridad, comparación, miedo a no ser suficientes, miedo a no encajar. Y desde ahí, todo se desordena: las relaciones, la fe, el propósito, el cuerpo.

Y es aquí donde sentimos que no basta con observar ni con quejarnos. Aquí nace el compromiso.

Nuestro acompañamiento no consiste en prometer respuestas rápidas ni en vender una espiritualidad cómoda. Acompañamos procesos reales, humanos, con respeto por los tiempos. Ayudamos a ordenar el interior para que el exterior deje de gritar. A volver al cuerpo, al silencio, a la verdad. A reconciliar la fe con la herida, sin negar ninguna de las dos.

Por eso, el próximo 18 de febrero, comenzamos un nuevo camino compartido: la Cuaresma Espiritual 2026. No como tradición vacía, sino como tiempo de regreso consciente. Un tiempo para detenerse, revisar, limpiar y recordar. No para ser mejores que nadie, sino para volver a ser uno mismo.

No es un reto.
No es una moda.
Es un camino.

Y quizá no cambie el mundo de golpe. Pero sí puede devolverte al lugar donde ya no necesitas pelearte con todo… porque has empezado a habitarte de verdad.

Ante Ti, Madre del Gran Poder, reconocemos esta verdad sin vergüenza. Porque solo desde la verdad comienza el regreso.
No hacia una vida ideal, sino hacia una vida propia.
No hacia más, sino hacia lo verdadero.


Con amor, bondad y poder.



Comentarios

  1. Deseando hacer la cuaresma, me encanta la virgen tengo mucha fe en ella 🙏🙂

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    1. Qué bonito leerte.
      Cuando el deseo nace desde la fe, la Cuaresma deja de ser espera y se convierte en encuentro. La Virgen no pide perfección, pide verdad… y responde siempre a un corazón que confía.

      Que ese amor que sientes sea el farol en el camino: habrá días suaves y días más hondos, pero ninguno estará vacío.
      Aquí caminamos juntos, con sencillez, con presencia y con fe 🙏🤍

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  2. Cierto, vivimos enfocados en todo lo que nos rodea, intentando cambiarlo, cuando en realidad es cuestión de aceptar que cada persona tiene su propia evolución .

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    1. Exacto.
      Muchas veces agotamos la energía intentando corregir el mundo, cuando el verdadero movimiento ocurre al aceptar que cada alma camina su propio ritmo. La aceptación no es indiferencia: es respeto profundo por los procesos ajenos y por el nuestro.

      Cuando dejamos de forzar fuera, algo se ordena dentro. Y desde ahí, curiosamente, todo empieza a transformarse de forma más natural.
      Gracias por ponerlo en palabras con tanta claridad 🤍

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